Una
ciudad cosmopólita se erige en la orilla del río Mapocho. Una ciudad
que palpita agitación en su variopinta geografía urbana, salpicada
de barrios tradicionales que tientan a la nostalgia y modernos edificios
de líneas vanguardistas extraídos del futuro.

Así es
Santiago,
la capital de Chile, una de las metrópolis financieras más importantes
de América Latina.
Calles con aromas del pasado. Avenidas que conducen al futuro.
Santiago
vibra, seduce y encandila. Es un gigante urbano de 5 millones de
personas. Un gigante tenaz y luchador que no cesa de crecer. Un
gigante algo olvidadizo que casi no recuerda que alguna vez fue
sólo un puñado de manzanas desperdigadas bajo el cerro Santa Lucía.
Eso fue hace siglos, cuando Pedro de Valdivia funda
Santiago
de la Nueva Extremadura el 12 de febrero de 1541, sin soñar siquiera
que esa pequeña villa que 6 meses después sería atacada por los
aguerridos mapuches, se convertiría en el corazón político, cultural,
administrativo y económico, de uno de los países más dinámicos y
progresistas de Sudamérica.

En su devenir histórico, la flamante urbe fue atesorando una serie de joyas arquitectónicas, que obligan a recorrerla con detenimiento para descubrir construcciones espléndidas, como la Casa Colorada, edificación colonial de 1769 convertida en museo, el Palacio de la Moneda (1805), de estilo neoclásico y sede del gobierno chileno, además de su hermosa iglesia Catedral, construida en 1785.
Otros puntos de interés son sus extensos parques y el majestuoso Museo de Bellas Artes, inaugurado en 1910, una pincelada de sobriedad que contrasta con la atrevida arquitectura de los modernos edificios y la atmósfera bohemia de los barrios tradicionales, donde cualquier motivo es válido para matar el tiempo en un café.

Pero la capital de Chile (543 m.s.n.m.) no sólo resulta atractiva por sus contrastes arquitectónicos entre el pasado y el presente; o por su inagotable agenda cultural, sino por sus hoteles lujosos y sus provocadores restaurantes, en los que se puede disfrutar de una deliciosa empanada o un apetecible pastel de choclo, amén de suculentos platillos de pescados y mariscos, o degustar sus ya célebres vinos.