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Un alto en el relato para mencionar que antes del arribo de los colonos, esta bahía patagónica fue habitada temporalmente por los chonos, un pueblo de canoeros que luego enrumbaría a Chiloé. Los conchales que dejaron en las playas es una prueba de su presencia.
De vuelta a la historia. La propuesta de Uebel motivó a los jóvenes alemanes Otto Uebel, Karl Ludwig, Walter Hopperdietzel y Ernesto Ludwig, quienes inspirados por los relatos de Hans Steffen, célebre explorador de la Patagonia Occidental, y temerosos ante la posibilidad de una nueva conflagración bélica, decidieron partir hacia Chile. Allí harían la América.
Al llegar a tierras patagónicas, se unió al grupo Augusto Grosse, un fogueado expedicionario cuya labor, años más tarde, sería decisiva para el diseño de los caminos que hoy integran a toda la región.
El 10 de enero de 1935, el reducido grupo de emigrantes fundaría el pueblo de Puyuhuapi. En los primeros tiempos, los colonos se dedicaron al cultivo de la tierra, para lo cual tuvieron que contratar a los indígenas de Chiloé, quienes llegaron con sus respectivas familias.
Tiempo después se sumarían a la incipiente población otros emigrantes europeos y los parientes de los pioneros, sembrándose las semillas para el desarrollo de la agricultura y la agroindustria.
El futuro comenzaba a forjarse gracias a hombres como Walther Hopperdietzel, -fundador de una próspera fábrica de telares-, Ernest Ludwig y Otto Uebel, entre otros. Además de la laboriosidad de los nativos chillotas, quienes contribuyeron con su esfuerzo y tensón en el desarrollo de un pueblo que surgía en un paraje apartado de la provincia de Aysén, a 225 kilómetros de Coyhaique, capital de la XI Región.
De aquellos primeros años se conservan las pintorescas casas de madera de marcada influencia europea (hoy más de una son cálidas hosterías) y la ya celebérrima fábrica de alfombras artesanales, recorrido obligado para los viajeros que visitan este rincón de la Patagonia chilena, al que se llega por el tramo Chaitén-Coyhaique de la llamada carretera Austral, construido entre 1976 y 1981.
Con el trazado de la vía, Puyuhuapi y otras poblaciones de la Patagonia Central, como La Junta, Puerto Cisnes, Chaitén y Coyhaique, se integraron con el resto del país, abriéndose para los viajeros de todo el mundo un maravilloso destino con glaciales y fiordos, canales y ríos en los que pescar es un auténtico placer y senderos sugerentes que se entrometen en bosques vigorosos de flora y fauna.
La abundancia de vida en la región es tan significativa que hasta el propio nombre del pueblo está relacionado con la fauna patagónica, porque Puyuhuapi significa "lugar de puyes", un pez que abunda en los ríos y canales. Solo una muestra de la variedad de especies que tienen su reino en el cercano Parque Nacional Queulat, una obra maestra de la naturaleza con ventisqueros y lagunas.
El itinerario del viajero no debe ignorar la tibieza curativa de las Termas de Puyuhuapi, uno de los principales baños medicinales del país. Sus piscinas y jacuzzis repletos de las aguas calientitas del volcán Melimeyu, son capaces de aliviar con sus 85° centígrados de temperatura y su fuerte mineralización los dolores del reumatismo, entre otros males.
Actualmente Puyuhuapi cuenta con adecuados servicios turísticos, incluyendo acogedores alojamientos en casas tradicionales, los mismos que le permitirán disfrutar al máximo de esta tierra de colonos y nativos, de alemanes y huilliches que construyeron su futuro en un alejado rincón de Chile, en una tierra ignota y tentadora.
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