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Pero el arribo de los grandes barcos y su agitada vida marina, no duraría por mucho tiempo. En la década del 60' del siglo pasado, los continuos incendios provocados en la zona boscosa por los colones (para ganar zonas cultivables), erosionarían el terreno. Esto produjo el embanque del puerto, imposibilitando la llegada de las grandes embarcaciones.
Esta situación permitió el desarrollo y la prosperidad del vecino Puerto Chacabuco, localizado a sólo 15 kilómetros de distancia.
Y si bien ahora Puerto Aisén no es la capital de la región (Coyhaique ocupa ese lugar), la ciudad conserva su antiguo esplendor que se evidencia en sus típicas casitas de madera, sus calles de trazado regular y su hermosa plaza ataviada con grandes árboles.
Actualmente el puerto sigue siendo uno de los principales puntos de partida de los viajeros que exploran la XI Región, un territorio de generosos bosques, impresionantes glaciales y fiordos, interminables canales y soberbias lagunas.
Condición que comparte con Puerto Chacabuco, el de mayor importancia de la zona, no sólo por los grandes barcos que recalan en sus muelles, sino por ser el lugar más cercano para navegar hacia las laguna de San Rafael, donde el viajero quedará impresionado al ver los glaciales y sus témpanos flotantes.
La lista de joyas naturales, incluye, además, a los lagos Riesco y Portales, con sus relajantes termas medicinales, y, a la Reserva Nacional Río Simpson, con su interesante variedad de flora y fauna. Se encuentra a 32 kilómetros de Aisén.
De vuelta a Puerto Aisén, a 67 kilómetros al noroeste de Coyhaique (la capital regional) y a 1,625 kilómetros al sur de Santiago. En esta ciudad encontrará todos los servicios y una eficiente infraestructura turística, con acogedores hoteles y restaurantes. Ocurre lo mismo en Puerto Chacabuco.
Los agrestes y fascinantes paisajes de estos destinos, son escenarios propicios para la práctica del canotaje y el kayak (de mar y río), también de la pesca con mosca, especialmente en el río Simpson, uno de los cuatro mejores del mundo para esta actividad.
El tiempo pasa irremediablemente, aunque en Puerto Aisén parece haberse detenido. Aquí ya no recalan los grandes barcos, pero si las pequeñas lanchas de pescadores que regresan de sus faenas diarias, marcando el ritmo de una ciudad que es arrullada por los murmullos de Chacabuco, el puerto vecino.
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