
Pero los nativos sobrevivieron. Ahora son más de 1,500, conservando su ancestral carácter expansivo y alegre, siendo diestros para la música y el tallado de la piedra y la madera. Sus profundas raíces históricas se remontan al siglo IV, cuando arribaron los primeros pobladores al
ombligo del mundo, provenientes de las islas Marquesas, según estudios antropológicos y lingüísticos.
La
isla de Pascua -un edén de volcanes con su vanguardia
de ciclópeos
Moai y misteriosos
Ahus- tiene una extensión
aproximada de 180 kilómetros cuadrados y una superficie triangular,
como recordándonos que se formó hace tres millones de año por la
actividad de tres volcanes: Maunga Terevaca, Rano Kau y Poike, colosos
de fuego ahora apagados, aunque igualmente imponentes.

El tiempo pasa. Las incógnitas de la isla son muchas, permanecen, se multiplican. No se encuentran respuestas y, así, sigue atrapando las miradas del mundo, debido a su impresionante herencia arqueológica y la lucidez de sus hombres, capaces de escribir en una tablillas llamadas
rongo rongo -aún no descifradas- y de esculpir estatuas de varias toneladas de peso y luego trasladarlas sin conocer la rueda.
Sólo algunos de los atractivos de una lista variada y excesivamente
atrayente, porque en este apartado pedazo de tierra se encuentra
el Parque Nacional
Isla de Pascua, que ocupa el
40% del área de la misma; además de casi mil
Moai y cientos
de
Ahus, milenarios volcanes, cuevas y cavernas con pinturas
rupestres, petroglifos y una interesante variedad de flora y fauna.
La isla más solitaria del mundo ya no lo es tanto. Ahora existe Hanga Roa, el
único centro poblado y Mataveri, el aeropuerto al que arriban vuelos procedentes de Santiago, convirtiendo a Pascua en uno de los principales destinos turísticos de Chile, porque agrega a sus innumerables joyas naturales y culturales, un clima cálido y templado y la posibilidad de desarrollar diversas aventuras.
Hoy, la lejana isla ya no es reducto exclusivo de osados marinos. Hoy, es un bastión para los investigadores, científicos, antropólogos y, también, para viajeros y trotamundos. Todos, a su manera, buscan respuestas a las incógnitas de Pascua y sus guardianes de piedra.